Páginas

lunes, 9 de febrero de 2015

Crisis en los valores organizativos tradicionales



Si algo nos ha enseñado esta crisis, es que el sistema no funciona. No sólo en el Gobierno, sino también en las organizaciones.

Hasta la fecha, las altas esferas de las empresas no eran conscientes ni tomaban en cuenta las opiniones o experiencias de los miembros que ocupaban los puestos más bajos en la jerarquía de la organización. Pensaban que el hecho de tener mejores estudios o la experiencia en altos cargos valía para estar por encima de aquellos que ejercían un proceso manual o menos cualificado. Además, mezclar niveles organizativos no era algo común, de hecho casi imposible de encontrar.




Es ahora más que nunca cuando las empresas piden esfuerzos a los empleados para poder seguir adelante: recortes salariales; ampliación o reducción de la jornada laboral en función de la demanda; despidos o cualquier otro aspecto que afecta directamente a los empleados y que puede beneficiar al porvenir de la compañía.

Lo vemos todos los días en la televisión y casi siempre se traduce en manifestaciones o problemas sindicales. Cabe mencionar aquellos casos como los de Coca Cola, donde incluso hay sentencias contra el desmantelamiento de su fábrica de Fuenlabrada.

Sin embargo, existen muchos casos en los que estas modificaciones no han afectado a la operativa de la empresa. Casos siempre anónimos porque no han producido tumultos ni altercados. ¿Por qué? Muy simple, aunque parezca increíble: los de arriba predican con el ejemplo.

Cuando pides esfuerzo a los que están a tu cargo, debes ser el primero en estar allí. Cuando pides sacrificios, no puedes excluirte de ellos. Cuando la situación de la empresa está en juego, todos han de arrimar el hombre. Pero si te quedas en tu oficina, detrás de tu mesa, mirando a un ordenador y sintiéndote mejor que todos aquellos que están por debajo de ti en un papel, nunca podrás entenderlo, y, probablemente, nunca llegarás a ser ni líder ni ejemplo para nadie.

La distinción entre White collars y Blue Collars ha sido siempre algo que se ha remarcado en todas las escuelas de negocio, y la sociedad las ha tomado como válidas. Como dirían en un anuncio de la tele: ¡ERROR!

El compromiso, la unidad y la identificación de la gente con la empresa no se consigue a base de talonario, se consigue con acciones y con un trato personal y profesional.

Doy las gracias de haber vivido situaciones contrarias a ello, porque cuando ves que el Director General de una empresa sabe los nombres de todos sus empleados, cuando él es el primero en recorrer el almacén o salir a la calle con los comerciales para saber qué es lo que está ocurriendo, entonces sabes valorar mucho más su profesionalidad y aprendes a tratar a los demás como a iguales. 

Evidentemente, a mí me encanta dar ejemplos reales, y el mío lo viví con Alberto García Peón. Un hombre extraordinario tanto personal como profesionalmente hablando. En todo momento sabía qué pasaba, dónde había que estar, cómo eran sus empleados (a todos los niveles), recompensaba los esfuerzos y, por supuesto, como cualquier buen jefe, tomaba medidas cuando las cosas no se hacían correctamente. Por supuesto, un buen Director General tiene muchas otras aptitudes que, en este caso, están más que acreditadas.
 
¡Gracias por lo enseñado!

Me imagino que mis empleados estarán menos reacios a trabajar horas extra si yo trabajo más horas que ellos”. David Ogilvy




lunes, 2 de febrero de 2015

Marketing Social: Realidad vs Utopía



Nos encontramos delante de uno de los fenómenos más importantes del Marketing, pero dada su vertiginosa carrera y las promesas de muchos gurús, ya hay quien asegura que el Marketing Social es una panacea que no cumplirá con las expectativas creadas.

La celeridad con la que las redes se han expendido y el acierto de muchas empresas en apostar por ello, hicieron que pareciera que el Marketing Social era, para todos y de cualquier manera, la solución a todos los problemas o la manera de impulsar los negocios existentes.

Desde un punto de vista utópico y viendo los casos de fracasos en la red, es posible decir que se ha fracasado. Pero en los negocios, como en la vida real, no existe el modelo perfecto ni la solución única y todo debe tener una razón de ser para poder evaluarse de forma objetiva.

Cuando GAP anunció que su intento de vender a través de Facebook fue un fracaso, saltaron todas las alarmas y ya se dió por hecho que el E-Facebook era una mala opción. ¿Alguien se paró a pensar que si GAP ya tenía tiendas on-line con ventas fructíferas no iba a arrastras a un mayor número de compradores a través de las redes sociales? También es posible que los objetivos que se planteó la empresa fueran inalcanzables en el periodo de tiempo que se esperaban. No sé la respuesta a estas preguntas, pero quiero dejar patente que no creo que por varios fracasos, el modelo no pueda funcionar para otros.

Por otra parte, tampoco soy partidaria de creer que porque han habido grandes éxitos gracias al Marketing Social, cualquier iniciativa vaya a ser igual de fructífera. Hay que ser realistas, prácticos, humildes y, sobretodo, pacientes.

En un nuevo contexto, todavía infrautilizado por muchos negocios, no podemos aventurarnos a negar la realidad de que las redes sociales han llegado para quedarse y que juegan un papel muy importante en la vida de mucha gente. Esta evidencia nos da la razón a quienes pensamos que es una gran vía de comunicación directa con los consumidores o potenciales consumidores de nuestra marca, sin olvidar que los resultados no van a llegar en el corto y medio plazo.

Fijar unos objetivos iniciales de presencia, alcance e interacción con los usuarios debe ser la fase inicial de todo proyecto de Marketing Social. La masa crítica necesaria para que un negocio pueda ser rentable en las redes, al igual que en cualquier tienda on-line, es algo que no se consigue sin esfuerzo, sin ambición y sin una idea clara del objetivo final.

A todo esto hay que añadir la poca gente cualificada y experimentada en este campo que pueda emprender acciones de Marketing Social. Eso dificulta mucho más la inmersión de un negocio en las redes sociales, porque sabemos que en los inicios habrán errores, pruebas y demás acciones que no saldrán como nos gustaría. La experiencia se adquiere caminando y tropezando con varias piedras en el camino, y no por ello hay que pensar que todo está perdido, sino que esta es la única manera de hacer el camino.

Si sumamos todos estos factores, la realidad es que se le están exigiendo demasiado rápido los resultados a un fenómeno que seguro ha llegado para quedarse. Hay que esperar, aprender, escuchar y actuar poco a poco para poder llegar a la meta que deseamos, y eso no es algo nuevo en los negocios.

Son malos tiempos y prometer el cielo es tan malo como augurar el infierno.

Creo firmemente en el Marketing Social, pero soy consciente de que no es la solución para todos los negocios ni la fórmula definitiva, todo depende de cada situación, modelo de negocio y contexto.
Intentemos hacer entender a los que lo encumbran y a los que lo destruyen que se trata de algo nuevo, una vía diferente a las actuales y que, aunque hayan dudas, puede funcionar y, si nos dejan intentarlo, el tiempo nos dará la razón.